A ver si aprendemos a no levantar la mano

Los alemanes están hartos de los turistas que se fotografían con el brazo en alto

Artículos | 04/03/2011

Quim Monzó

QUIM MONZÓ

Explica The Telegraph que en Berlín han detenido a un canadiense porque se ha fotografiado frente al Reichstag con el brazo derecho en alto. No es que sea nazi. Es un turista que está de vacaciones con su novia, y que de pronto pensó que sería gracioso que esta lo fotografiase haciendo el saludo fascista. Una bromita. Pero en Alemania no están por bromitas, de modo que lo detuvieron, lo esposaron y se lo llevaron a comisaría. Hartitos están los alemanes de ver como muchos turistas son tan ingeniosos que siempre se les ocurre lo mismo: fotografiarse frente a edificios oficiales con el brazo en alto y gritando “Heil Hitler!”.

La banalización del fascismo es algo que muchos países se toman en serio. En Rusia acaban de despedir de una emisora de radio –Vesti FM– al periodista que presentaba el programa matutino, un magazine de tres horas al estilo de los que aquí hacen la mayoría de las emisoras. Pues, hace unos días, en su afán por criticar a Valentina Matviyenko –gobernadora de San Petersburgo– el periodista culminó su perorata con un “¡Sieg Heil, querida Valentina Matviyenko!”, y dijo: “Se dedica a seguir la senda que marcó Hitler: destruir nuestra ciudad”. A las pocas horas ya estaba de patitas en la calle. El director de la emisora dice que esa comparación es intolerable. El periodista despedido explica en The Moscow Times que su caso es un ejemplo de la falta de libertad que hay en los medios de comunicación rusos, pero el director de Vesti FM dice que se puede criticar pero hay una frontera intraspasable: banalizar el fascismo.

En cambio, en estas latitudes, día sí día también, se banaliza el fascismo y no pasa nada. No es necesario llegar a las profundidades abisales de muchos comentarios de la prensa digital, donde el pan nuestro de cada día es llamar facha o nazi a quien simplemente no está de acuerdo contigo. No es necesario porque en las tertulias de muchas emisoras de radio y de televisión sucede exactamente lo mismo. Políticos y programas de gobierno son sistemáticamente calificados de nazis por sus rivales y no pasa nada. Me encantaría una normativa como la de Alemania, o actitudes como la del director de esa emisora rusa. A la espera de que lleguen, mientras tanto aplicaremos –tanto como podamos– la ley de Godwin, que parte del hecho de que a medida que una discusión se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que uno de los que discuten mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. A mí, la ley de Godwin me encanta, porque, cuando sucede eso –cuando uno de los que debaten acusa al otro de nazi–, inmediatamente la discusión se da por acabada, y pierde quien ha cometido la bajeza de usar a Hitler o a los nazis como argumento ad hóminem. Pero explícale eso a Intereconomía o a Telemadrid, o a los batallones de militantes que cada día empuercan las secciones de comentarios de los diarios digitales.

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