Catalunya: ‘sisu’ y unidad política

 

10/03/2011

Rafael Nadal

Rafael Nadal

¿Pero a qué esperan? ¿Qué más necesitan para darse cuenta de que no podemos perder ni un día más? La cumbre anticrisis del 25 de marzo será la última oportunidad de los partidos catalanes para aparcar las diferencias y afrontar la crisis de forma conjunta y concertada. No debería ser tan difícil. Los ciudadanos llevan ya casi tres años adaptando su ritmo a las urgencias de la crisis. Las empresas y los trabajadores viven en estado de excepción. Las familias han redescubierto la solidaridad de grupo y ya no hablan de proyectos individuales, sino del futuro colectivo. Sólo los partidos políticos siguen a lo suyo, como si no pasara nada.

Nos enfrentamos a varias crisis simultáneas: a una crisis económica mucho más dura de lo que todos pronosticaron; a una crisis profundísima de los valores que hicieron grande nuestro sistema de bienestar; y a una crisis cada vez más incierta en nuestras relaciones con los otros pueblos de España. Cualquiera de ellas es lo bastante grave para poner en riesgo el futuro de Catalunya. Cada una justificaría por sí sola una concertación de carácter excepcional entre todos los partidos y las organizaciones sociales. La unidad aceleraría la toma de decisiones, multiplicaría la fuerza de las medidas y crearía un impulso positivo que acortaría cada una de las crisis o al menos haría posible salir de ellas con más fuerza.

En otros países no han dudado ni un instante. Si le preguntan a un finlandés la fórmula para salir rápidamente de la crisis les responderá sin vacilar: sisu y unidad política. El sisu es una característica colectiva del pueblo finlandés que puede definirse como la capacidad de perseverar sin desmayo hasta sobreponerse a cualquier adversidad. No se refiere a una actitud momentánea, sino a una fuerza que se prolonga en el tiempo, y aunque no tiene traducción podría asimilarse a la persistencia, la perseverancia, la determinación y hasta la tozudez. Es el rasgo definitivo del alma finlandesa, que probablemente nace de las enormes dificultades que este pueblo ha tenido a lo largo de la historia para consolidarse frente a Suecia y Rusia en un territorio terriblemente hostil.

En 1992, como consecuencia de la caída de la Unión Soviética, de la especulación inmobiliaria desenfrenada y del sobreendeudamiento de las familias y de las empresas, Finlandia entró en una crisis dramática, con algunas similitudes con la actual crisis española. Pero este país al que últimamente todos citan, aunque pocos imitan, se reorganizó bajo una amplia coalición de partidos y obró el milagro finlandés: vuelta a la senda del crecimiento, reducción radical del paro, estabilidad política, formación de mano de obra muy cualificada, liderazgo claro en las encuestas sobre educación y otro liderazgo indiscutible en investigación y desarrollo.

Catalunya también ha dado muestras contundentes de perseverancia y determinación en defensa de su lengua, su cultura y su prosperidad económica, y en su voluntad de existir como pueblo. También esto es sisu. Seguramente, Pep Guardiola es quien mejor lo definió, cuando prometió a la afición del Barça: “Persistirem, persistirem i persistirem”. Ahí están los resultados. Frente a la adversidad de la historia, Catalunya ha sabido sobreponerse, ha sobrevivido a todas las crisis y lo ha hecho antes y mejor que sus vecinos.¿Por qué ahora le está costando tanto?

Seguramente porque los países pequeños no pueden permitirse la falta de unidad. Por eso algunos esperábamos que nuestros partidos sabrían reforzar la determinación de los catalanes con el impulso de la unidad política. Pero empieza a parecer evidente que no será así. No seremos testigos de grandes acuerdos ni de concertaciones extraordinarias. Unos dudan cada vez más a la hora de profundizar en las duras reformas que el país necesita y otros parecen concentrados sólo en sacar rédito de la impopularidad de las medidas adoptadas.Y todos coinciden en tachar de ingenuos a los que se muestran partidarios de estrategias excepcionales para combatir una situación excepcional.

Por eso la cumbre anticrisis se cerrará con algunos acuerdos simbólicos pero sin ninguna unidad de acción real. Ahora importa más la batalla de las próximas elecciones municipales que la salud del país. Los partidos piensan que si pactan pierden personalidad ante el electorado y por eso se empeñan en preparar las elecciones definiendo perfil propio: esconden las coincidencias y exageran las diferencias. De manera que debemos prepararnos para soportar otra legislatura previsible y bronca.

De momento ya han conseguido dormir el ambiente, anestesiarlo, haciendo creer que otras actitudes más positivas no son realistas.

O sea, que no habrá unidad y sólo nos quedará la persistencia como arma para encarar con optimismo el futuro. Los partidos no lo quieren ver, pero hace tiempo que los catalanes han dejado atrás las discrepancias para trabajar codo con codo con los que tienen alrededor. Por ello empieza a haber signos positivos en el horizonte y por ello una vez más Catalunya saldrá adelante. Seguramente sin ayuda de la política. Quizás a pesar de la política. Con la fuerza indiscutible del sisu.

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