POCO PELO Y POCO CEREBRO

    El rebuzno de Boada

    Rafael López estuvo incisivo y la respuesta de Boada fue un ejemplo de doble moral barriobajera

    12/03/2011

    Pilar Rahola

    Pilar Rahola

    Sabemos de sobra que los debates parlamentarios no siempre practican el arte de la fina esgrima, sino más bien la sucia pelea de barro. No hablo de pasión opositora, lo cual forma parte de la esencia de la democracia. Pero más allá de la lógica intensidad dialéctica, las palabras gruesas y el histrionismo cainita también son una desgraciada tradición. Pongamos el ejemplo que motiva este artículo, el rifirrafe que tuvo el diputado Joan Boada, otrora ínclito boss de la popularísima conselleria del señor Saura, con el diputado del PP Rafael López, que estaba en el uso de la palabra y afeaba la política del tripartito. López estuvo incisivo y nada cómodo, pero la respuesta de Boada fue un ejemplo de doble moral barriobajera que nos da mucha información de quien la protagonizó.

    Incapaz de rebatir el argumentario de López, y con esa chulería propia de los detentadores de la verdad histórica, Boada optó por guillotinar al mensajero negándole su propia identidad democrática. Es decir, ni se cansó en pensar algún argumento, porque directamente despreció a su contrincante político. Lo más alucinante de la actitud es la frase que Joan Boada utilizó para negar la mayor a Rafael López. Dijo este magno inquisidor de la pureza democrática que se sentía “muy orgulloso de su pasado comunista” y que desde ese orgullo acusaba al PP de tener de presidente a un hombre que “asesinaba a los defensores de la libertad”. ¡Uauuuhhh! Esto merece diversos apartados. Primero, ¿Boada no estaría más bonito callado? Lo digo porque un señor que ha protagonizado los escándalos más sonoros del tripartito, responsable de la fuga de votos del PSC –que ha sufrido en propia carne las barbaridades perpetradas por IC–, y actualmente en la cuerda floja judicial por el incendio de Horta de Sant Joan, no está en una magnífica posición para dar lecciones a nadie. Segundo, incluso María Antonia Iglesias –nada amiga de la conmiseración– considera que el apretón de manos entre Carrillo y Fraga selló la transición política, y fue clave para la democracia. Pero el tal Boada no se enteró, quizá porque forma parte de aquellos que contra Franco vivían mejor, o vendían mejor su producto ideológico. Y tercero, lo más gordo. ¡Cómo puede alguien negar la identidad democrática de un partido democrático plenamente inserido en las reglas de juego democráticas, apelando al comunismo! Es el colmo de la hipocresía. O peor aún, es el cénit de la zafiedad. Porque si el fascismo mató mucho, el comunismo mató el mismomucho, y ello se cuenta por millones de personas. Y no tengo nada claro que alguien pueda decir que luchaba por la libertad, en nombre del comunismo. ¿De qué libertad me hablan? Bertrand Russell escribió que “la práctica del comunismo aumenta inconmensurablemente la miseria humana”. También aumenta, como se ha visto, la miseria parlamentaria.

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