Esperando

Así es este país, pequeño, pero capaz de devorar y devorarse a velocidad de vértigo   07/04/2011

Rafael Nadal

RAFAEL NADAL

La política sigue aportando pésimas noticias: definitivamente no habrá frente catalán, ni acuerdos amplios entre los partidos catalanes; ni tan siquiera un acuerdo de mínimos, un pequeño paréntesis, mientras se encarrila la salida de la crisis. Las pocas esperanzas que quedaban se perdieron en el palacio de Pedralbes, al término de la cumbre anticrisis, que de paso se llevó por delante el trabajo del comité de expertos, incluso antes de ser analizado y discutido. Así es este país, pequeño, pero capaz de devorar y devorarse a velocidad de vértigo.

De manera que seguimos con un gobierno parlamentariamente débil y vamos a seguir así al menos hasta las elecciones municipales del 22 de mayo. No es la situación que más le conviene a Catalunya: si gobernar en minoría siempre es difícil, pilotar la crisis en minoría es imposible. La unidad habría permitido acelerar las reformas, las habría hecho más profundas y habría aportado un estado de ánimo positivo. Pero descartada la mejor opción, el Govern debe apostar ahora por la opción posible y debe hacerlo cuanto antes, porque cada día de debilidad es un mazazo a nuestro futuro. CiU debe buscar un pacto bilateral que dé estabilidad y fuerza al gobierno para cumplir el grueso de su programa de acuerdo con el mandato de los ciudadanos. Y tiene muchas opciones. La mejor seguía siendo la sociovergencia desde fuera del gobierno, porque representaba la centralidad de Catalunya y garantizaba el apoyo necesario a las reformas; pero a estas alturas ya parece imposible. Quedan otras apuestas, que seguramente son menos centradas (como el acuerdo con los populares), pero para Catalunya ya es mucho peor la debilidad que el escoramiento de cualquier pacto.

Veremos si Artur Mas se atreve a buscarse los apoyos para gobernar sin excusas o si después de las municipales vuelve a aplazar sus decisiones hasta las legislativas del 2012. Sería el peor de los escenarios. Mientras, seguimos esperando y la política catalana ya no sólo aporta pésimas noticias, sino que genera peores sensaciones. Ya estamos instalados otra vez en el pim-pam-pum entre partidos. Vuelven las divisiones entre nosotros y ellos, buenos y malos, los unos y los otros. Conceptos que no sólo hablan de una división maniquea de la sociedad catalana, sino que se expresan y se usan con la clara voluntad de dividir y de segregar a quienes no piensan exactamente igual. “O conmigo o contra mí”, suele ser en estos casos el eslogan de moda. Un eslogan que incita a la descalificación y a la amenaza y que deja escasísimas posibilidades a la reflexión, al debate y a los matices.

Y sin embargo, si no queremos volvernos locos o perder nuestra capacidad de raciocinio, deberíamos dejar al margen las etiquetas e intentar una vez más analizar fríamente los hechos. Vale como ejemplo la polémica sobre el alcance de los recortes que debe impulsar el Govern: creo honestamente que ni de la carta del secretario de Estado de Hacienda al conseller de Economia se puede deducir una invitación a que la Generalitat maquille los números, ni el Gobierno español ha exigido ahora a la Generalitat que doble los recortes presupuestarios. Para ser exactos,Madrid no acepta el atajo que propone la Generalitat: recortar 2.600 millones, y aumentar otros 3.000 millones los ingresos, a cuenta del Fondo de Competitividad y de lo que podría obtener vendiendo patrimonio de titularidad estatal cuyo traspaso reclama. Y explicar así los hechos no atenta contra los intereses de Catalunya.

Ahora bien, mientras estemos en Europa y debamos lo que debemos, hay que recortar estos 5.600 millones hasta situar las previsiones del déficit en el famoso 1,3%. Debe recortarlos el Govern de CiU exactamente igual que debería recortarlos un gobierno tripartito, uno del Partido Popular, o uno de una Catalunya independiente. ¿Cómo puede ahora la oposición criticar estos recortes? ¿Cómo puede el PSC apoyar los planteamientos del Gobierno central o callar, cuando si el tripartito estuviera en el Govern exigiría lo mismo que pide CiU?

La propuesta de la Generalitat no sólo es razonable, sino que es la única posible. Por eso, lamento los juegos de palabras y las medias verdades de CiU, pero expreso mi lealtad y mi apoyo rotundo al Gobierno de Catalunya en su pulso con el Gobierno central. Catalunya no puede recortar más allá de los 2.600 millones y el Gobierno de España deberá transferirle los otros 3.000 en dinero que le adeuda o en patrimonio para ser vendido.

Es justo que así sea y es justo exigir a la oposición su apoyo a este planteamiento, a menos que presente una alternativa mejor. Aunque también es exigible al Gobierno de CiU que facilite este apoyo evitando desplantes y salidas de tono como las que hemos visto en los últimos días.

Con este compromiso, con esta inquietud y con estas malas sensaciones esperaremos a las elecciones municipales. El día después, Artur Mas debe aclararnos definitivamente su proyecto. ¿Con qué tintes quiere hacer finalmente el ajuste del Estado de bienestar? ¿Con qué sectores consensuará la revolución de los valores? Y si de verdad piensa poner sobre la mesa el debate sobre la independencia, no debería votar como ciudadano, sino liderar como presidente y exponer en voz alta su hoja de ruta: ¿cómo, cuándo, con qué grado de cohesión, a qué precio, con qué beneficios, con qué aliados?

Lo demás es la agitación a la que recurren, con toda legitimidad, aquellos que no tienen en sus manos el timón del gobierno.

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