10-J: Esperan als Líders

     

    01/07/2011

     

    Rafael Nadal      Rafael Nadal

    El 10 de julio del 2010 acudí al paseo de Gràcia de Barcelona, convocado por un grupo de entidades y partidos, para protestar por el trato discriminatorio de las instituciones del Estado a los ciudadanos de Catalunya y reclamar "som una nació, nosaltres decidim". Aquel día de verano, que recuerdo espléndido, después de hacer dos veces todo el recorrido de la marcha como observador periodístico me coloqué a la altura de Mallorca, detrás de la doble cabecera, dispuesto a manifestarme como un ciudadano más. Un par de horas después, cuando todavía no habíamos alcanzado la Gran Vía, la cabecera política se disolvió y nuestros líderes institucionales desaparecieron, abandonando a centenares de miles de ciudadanos indignados. Según muchas fuentes, más de un millón de personas.

    Todavía no han vuelto, ni han dicho en qué ha quedado aquel impulso ciudadano que nos reclamaron y que muchos de nosotros les dimos con tanto entusiasmo como ingenuidad. Hará un año de la marcha y un millón de manifestantes seguimos perdidos entre el paseo de Gràcia y la plaza Tetuán, esperando que los líderes regresen y digan hacia dónde vamos, con qué apoyos, en qué plazos y con qué objetivos concretos. Quizás el aniversario sería un buen motivo para que dieran la cara y se dignaran a hacer balance.
    Aquel 10 de julio parecía que todo iba mucho más rápido, que arrancaba un proceso inédito y que la política estaba más dispuesta que nunca a hablar con valentía del futuro. Fue un espejismo: desde el 10-J no hemos hecho más que ir hacia atrás; sólo hay que mirar los mapas postelectorales, legítimos, pero articulados en un olvido radical del espíritu de la manifestación. Una vez más Catalunya ha tenido demasiada gente que se ha llenado la boca pidiendo la luna, pero que a la hora de ir a algún lugar concreto le ha dado la de espalda. Y después de la euforia ha llegado la depresión.

    Es un balance decepcionante, pero seguramente algunos partidos están contentos, porque se han quitado un peso de encima. Los que ya eran contrarios a todo aquel proceso (PP) se frotan las manos; los que se apuntaron por cálculo tacticista (PSC) dejan pasar los días, a ver si el debate se ha esfumado; y los que hace un año se sentían desbordados (CiU) también esperan que el movimiento se desvanezca, quizás para retomarlo más adelante, con otro ritmo y presionando en función de lo que Madrid conceda en cada momento. Los tres respiran tranquilos, pero seguramente se equivocan. Los conflictos que no se resuelven siempre acaban reapareciendo. No lo duden: la indignación de paseo de Gràcia volverá en cualquier momento. Sería bueno que lo tuvieran presente ahora que no hay presión en la calle y que la mirada está puesta en otros problemas (aunque en política todos los problemas están relacionados). Seguramente, ahora es el momento de mojarse.

    1. La clave no es la independencia, sino la libertad del pueblo de Catalunya, que se expresa en cada circunstancia histórica como quiere y que, obviamente, también incluye la opción independentista. Es probable que si un día Catalunya puede ejercer su libertad votando sin restricciones, muchos sectores recuperen la confianza en el federalismo, entendido como un pacto de voluntades libres.

    2. El debate sobre la libertad de Catalunya no se puede dejar sólo en manos de los independentistas; federalistas, confederales, autonomistas y unionistas tienen que intentar ganarlo tanto como los secesionistas. Pero nadie tiene que poder poner límites al libre debate.

    3. CiU tiene que ejercer un liderazgo integrador. Usar el debate como moneda de cambio, subiendo y bajando la presión sólo en función de acuerdos en torno al pacto fiscal, puede conducir el país a una nueva depresión. La coincidencia con las crisis económica, financiera y de valores podría convertir otro fracaso en una derrota perdurable.

    4. El PSC ha de coliderar el debate con valentía y tiene que defender con claridad su proyecto federal, aquí y en Madrid. Pero tiene que dejar claro que aspira a ser un partido central tanto en una Catalunya federal como en una independiente.

    5. El PP fue en buena parte responsable de ataques durísimos a los intereses de los ciudadanos catalanes pero, ahora que ya no es marginal, sólo puede seguir creciendo si rectifica; y los otros partidos deberían tener presente el peso del PP y preguntarse si todavía se puede avanzar en las relaciones Catalunya-España sin contar con él.

    6.-Nadie puede quedar fuera del futuro de Catalunya por razones de lengua, de cultura, o de adscripción sentimental. Sea compartido o independiente, el futuro pertenece tanto a los que sólo se sienten ciudadanos de Catalunya como a los que por sentimiento se sienten más vinculados a los símbolos españoles.

    Pueden engañarse y pensar que en un año este debate ha pasado de moda, que ahora hay cosas más importantes. Pero la historia demuestra que siempre vuelve y que cuando lo hace reaparece con más fuerza. Si los catalanes deciden un futuro propio nadie lo puede impedir, pero si la mayoría está por el futuro compartido, nuestros representantes tienen que volver sin vacilaciones al puente de mando español: para hacer respetar nuestros intereses como catalanes y para hacer prosperar los intereses generales. No hay un solo camino bueno, ni es para siempre. Podemos tomar uno u otro, pero el que elijamos debemos transitarlo con decisión. No podemos seguir más tiempo perdidos en paseo de Gràcia.

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