Bachmann

ES MÁS FÁCIL ATENTAR CONTRA MICHELLE BACHMANN AHORA QUE CONTRA BARACK OBAMA EN 2008

29 Junio 2011

 

                                                                                      Ejemplo de lindeza sobre Bachmann en la red

La senadora Michelle Bachmann ya es aspirante a la presidencia de Estados Unidos. Falta que su partido la designe candidata, pero su nombre y su cara ya salen en todos los medios de comunicación y en toda la blogosfera. Dado el carácter audaz de algunas de sus propuestas no es imposible que fantasee con atentar contra ella algún iluminado como el que disparó contra la senadora Gabrielle Giffords en Tucson. O como Sirhan Sirhan, el asesino palestino que acabó en 1968 en Los Angeles con la vida de Robert Kennedy. Por citar solo dos casos de personalidades políticas que no tenían protección especial del Servicio Secreto.

El Servicio Secreto de Estados Unidos responde de la seguridad del presidente y de su familia y de la Casa Blanca en general. Hay un servicio homologable en el Departamento de Estado, que responde de la seguridad del secretario o secretaria de Estado, de todos los diplomáticos norteamericanos en el mundo y de la de los dignatarios extranjeros que visitan EEUU. Un exagente de este servicio, de cuyas jugosas aventuras hablaremos pronto a nuestros lectores, nos llama la atención sobre el peligro que corren todos los candidatos a presidente que todavía no lo son oficialmente. Es decir, que no tienen derecho al grado máximo de protección y de seguridad.

Bachmann es senadora, como Giffords, y le corresponde un dispositivo de seguridad a cargo de la policía del Capitolio. Comparativamente estuvo mucho más blindado Barack Obama. Antes incluso de derrotar a Hillary Clinton en las primarias contó con protección del Servicio Secreto. Se consideró que el color de su piel le exponía especialmente a atentados racistas. Con toda certeza aquella fue una sabia decisión del Servicio Secreto.

                                                             Barack Obama y el Servicio Secreto

Otra cosa es si los casos de Robert Kennedy en el 68 y de Gabrielle Giffords este mismo año no aconsejanextremar la cautela también alrededor de otros precandidatos. La notoriedad extrema combinada con una seguridad todavía frágil es una mala combinación. Y si la seguridad de Bachmann es mejorable, qué decir de la de otros presidenciables como Mitt Romney o Newt Gingrich, que no ostentan cargo público. Si quieren seguridad, tiene que ser privada y se la tienen que pagar ellos. Y esto es América.

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