PSC: Mareando la perdiz

 

26/08/2011

Rafael Nadal

RAFAEL NADAL

Los dirigentes del Partit dels Socialistes de Catalunya siguen mareando la perdiz del grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados. Los temas mal resueltos reaparecen una y otra vez, hasta que se enfrentan de verdad, y los socialistas catalanes sólo resolverán este dilema cuando aclaren si son una parte del PSOE o si son un partido hermano, pero independiente, como acordaron sus fundadores. Esta es una decisión que sólo pueden tomar los militantes, que en el próximo congreso tendrán su gran oportunidad. Pero es indiscutible que todos los partidos del mundo tienen grupo parlamentario propio, igual que tienen líderes, programa o militantes. El grupo es el instrumento básico para desarrollar cualquier actividad política, mucho más importante que la presidencia del partido, la primera secretaría o la ejecutiva nacional, figuras que curiosamente en este caso nadie discute.

El miedo al grupo parlamentario resulta incomprensible en unos líderes políticos a los que se atribuye un dominio perfecto del regate en corto y de la táctica y que saben que al perder el gobierno de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, ayuntamientos de capitales de comarca y diputaciones, el PSC ha perdido todas las plataformas desde las que explicaba sus propuestas a los ciudadanos. Los socialistas catalanes necesitan urgentemente el grupo parlamentario para hacer política en España y hacerse visible. En la política española, el socialismo catalán ya no existe ni para explicar que existe una Catalunya no nacionalista, ni para explicar que puede haber una España diferente de la del PSOE: menos sectaria, menos clientelar y rigurosamente federal. Por culpa de la invisibilidad de sus diputados en el Congreso, hace tiempo que el PSC ha dejado de ser un espejo para el socialismo español.

Los líderes socialistas saben que no necesitan el grupo parlamentario para llegar al alma catalana del partido, que sigue la política catalana a través de los diarios y los medios audiovisuales de ámbito catalán y recuerdan cada día que el PSC existe. En cambio, el grupo les resulta imprescindible para llegar a través de medios de ámbito estatal, incluidas las televisiones privadas, a sus votantes del cinturón de Barcelona y de las ciudades medianas de Catalunya. En los últimos años, Puigcercós, Tardà, Ridao y Herrera han sido las únicas voces más o menos próximas que han escuchado los votantes socialistas del cinturón: los portavoces de ERC y de ICV han interpretado las políticas de los gobiernos de Montilla y de Maragall y han actuado como altavoces de las relaciones entre Catalunya y España; eso ha producido una enorme confusión de mensajes, que seguramente ha provocado el travase de votos socialistas hacia el PP y hacia la plataforma xenófoba.

Costaría encontrar un solo votante socialista del cinturón que conociera a alguno de los diputados socialistas catalanes en el Congreso, que en la legislatura que se acaba han tenido un papel casi clandestino y han demostrado su incapacidad para defender los intereses de los electores catalanes. El ejemplo más claro ha sido el voto contra las sucesivas mociones reclamando el pago inmediato a la Generalitat del Fondo de Competitividad. Los socialistas saben que no se decidía el resultado de una moción concreta, sino la posibilidad de un bloque unitario catalán por encima de criterios partidistas. El mensaje era trascendental: los votos del PSC rompen este incipiente frente catalán y transmiten una imagen de debilidad total de Catalunya en sus reclamaciones. El pacto fiscal los volverá a poner a prueba, pero de momento, el fracaso ha sido demoledor.

Votando contra lo que han defendido en el Parlament los propios socialistas catalanes, los diputados de Madrid traicionan la historia del PSC y de sus fundadores cuando se constituyeron como partido independiente. Los veinticinco diputados del grupo socialista catalán en Madrid seguramente ahora no lo harían; se integrarían directamente en el PSOE. Por eso, cuando Àngel Ros y Manuel Bustos proponen sustituir el grupo propio por la libertad de voto en temas de especial trascendencia para Catalunya, el escepticismo es muy grande.

Ahora ya sabemos que no hay suficiente con la libertad de voto, porque eso no acaba pasando nunca: estos últimos meses, los veinticinco diputados socialistas han demostrado menos coraje, menos autonomía y menos capacidad de defender a los electores que cualquier diputado de cualquier departamento francés. En Francia, el paraíso del centralismo, los diputados saben que cuando se trata de los intereses del territorio el partido pasa a segundo plano; sería impensable ver a un diputado de un departamento agrícola votando contra los intereses de sus payeses en París o en Estrasburgo. En Alemania, este año hemos visto a muchos diputados del partido de Merkel votando contra la canciller y no se han roto ni el país ni el partido.

En cualquier caso, la propuesta de Ros y Bustos es una nueva carga de profundidad que explotará una y mil veces en la cara de los socialistas catalanes. A cada votación atraerá los focos sobre el grado de sintonía entre socialistas catalanes y españoles. Al PSC ya no le hace falta que los rivales le pongan trampas, se las pone él mismo, mareando la perdiz sobre el grupo parlamentario. Si sigue así, corre el riesgo de convertirse en un grupo irrelevante, poco más que un empleo para sus dirigentes.

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