La política no puede con todo

31/08/2011

Valentí Puig

VALENTÍ PUIG

Ya tienen rango general tanto la propensión de los políticos a ofrecer soluciones para todo como la de la ciudadanía que exige de la política una solvencia universal. En Estados Unidos, se critica a Obama por haber sobreactuado en el caso del huracán Irene, mientras que Bush jr. fue acusado de lo contrario cuando el huracán Katrina atacó Nueva Orleans. En directo hemos visto la politización de un huracán. Eso es la panpolítica, la creencia de que la política ha de dar soluciones para todos los casos, incluso los de orden sobrenatural, incluso los que son estricta responsabilidad individual. Pero es que llueva menos o más, el pánico no es computable, no hay normas para las catástrofes naturales ni tan siquiera en la teoría del caos.

Algo de esto apuntaba ya en el célebre Piove, porco governo. Al criticar el déficit público, con una facilidad pasmosa olvidamos que el endeudamiento doméstico es monumental, del mismo modo que se nos va de la memoria para qué votamos a un gobierno o qué esperábamos de un líder. De repente, pasamos a esperar todo lo contrario. Sí. Piove, porco governo. Esperarlo todo de los políticos es una de tantas maneras de obturar la sociedad civil. Por eso, al llegar el huracán, el político no sabe si ofrecer rigor o escenificación. La escenificación suele resultar lo más caro y, por tanto, lo más habitual.

El sindicalismo saldrá a la calle el 6 de septiembre contra la reforma constitucional del límite de déficit público. ¿Escenografía o coherencia? Mientras tanto, el paro ha crecido durante el mes de agosto y, dado el frenazo de la economía, se anuncia una oleada de despidos que puede hacerse extensiva a casi todos los sectores, en la industria y el comercio. El desgarrón en el crecimiento es dramático. Le da un aire aún más sombrío el callejón sin salida en el que la despedida de José Luis Rodríguez Zapatero ha inducido al PSOE, hasta extremos de huracán. En este caso, es que la política mal hecha acaba con casi todo.

No es saludable, aunque corriente, que, tan por adelantado, mezclemos con alegría elementos de la política real y perifollos de la política electoral. El techo constitucional de gasto, que debiera ser un dechado de racionalidad político-institucional, puede acabar siendo una espiral de burbujas sin sustancia efectiva. Extraño tándem Zapatero-Rubalcaba, pedaleando en sentidos casi opuestos en pleno deterioro de las posibilidades de crecimiento en los trimestres que vienen. Seguimos sin confianza, inestables, pendientes del crédito.

Predomina la discontinuidad en la búsqueda y consolidación de métodos para la regulación eficaz, del mismo modo que tanto las instituciones europeas como los atisbos de gobernanza económica mundial incrementan la ambivalencia y la incertidumbre. ¿Irene o Katrina? Sea como fuere, la política no puede con todo. Bien debe de tenerlo en cuenta Mariano Rajoy planificando sus cien días por si gana las elecciones, una posibilidad no del todo remota, porque –según algunos cálculos– el PSOE pudiera quedarse en 117 escaños.

Culpa occidental

Como ocurrirá en Libia, con los estados fallidos siempre hay quien paga: Occidente, aunque ahora se suma China. Se pagó, a fondo perdido, la fragmentación soviética, la implosión balcánica y otros gravísimos desperfectos en los que Occidente no tenía responsabilidad. Al contrario: pudo reclamar por daños y perjuicios. La peor ayuda es no exigir contraprestaciones.

Modelo helvético

Artur Mas lleva un tiempo retrayéndose de la expresión pública. Quizás opte por un estilo helvético de política, con rasgos escandinavos. Allí el gobernante no es un patriarca ni un curalotodo, sino un ciudadano que no tiene por qué ser el Gran Hermano. La otra posibilidad es que esté amarrado a las calculadoras para cuadrar unas cuentas que le acompañarán como una pesadilla extremada.

Socialismo caviar

François Hollande toma ventaja en las primarias socialistas francesas. Parece que a Strauss-Kahn no se le espera. Pactó en su día con Martine Aubry, hija de Jacques Delors. ¿A quién cederá sus menguantes apoyos Ségolène Royal? Vivió con Hollande casi treinta años. Tuvieron cuatro hijos. Royal puede decidir quién será el próximo presidente socialista de la República en sustitución de Sarkozy.

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