QUINA PENA DE PAIS

 

Tarjeta roja para todos

Europa se preguntará cómo un país en estado crítico puede financiar la mejor liga de fútbol

 

Pilar Rahola

PILAR RAHOLA

Después de escuchar a los expertos para poder entender cómo se ha llegado a esta barbaridad, aún no tengo una respuesta clara. Y reconozco que he oído argumentaciones sesudas y que la cosa es más compleja de lo que puede parecer. Pero incluso con todo el adorno con que lo decoran, lo cierto es que el rey ha aparecido desnudo, mostrando unas indecorosas vergüenzas. 750 millones de euros deben los reyes del balompié a Hacienda, sumados a los más de 10 millones que deben a la Seguridad Social, y ello no sólo acumulado en el tiempo, sino multiplicado con alegre desparpajo en los últimos años de la crisis. Es decir, ni los cinco millones de parados, ni los severos recortes sociales, ni la recesión han impedido que los clubs deportivos continuaran gastando un dinero pornográfico en fichajes, mientras no pagaban su obligaciones fiscales. Y lejos de recibir el lógico castigo, Hacienda, las administraciones y el tutti quanti que tutela el dinero público han mirado hacia otro lado, han permitido la deuda y han dejado que el globo continuara inflándose. Como si el fútbol fuera de otro planeta y pudiera hinchar la burbuja de su despilfarro hasta el paroxismo. Es así como, en un mismo lugar y tiempo, se ha permitido que los mimados de la pelota se rieran multimillonariamente de Hacienda, mientras se confiscaban los pupitres y los lápices de una escuela, por deber alguna facturita. ¿Quién ha permitido esto? Y ¿por qué se ha permitido?
De las muchas respuestas, una es la obvia: nadie se atreve con los dioses galácticos. Y cuando hubo un intento, las masas salieron a la calle exigiendo rodar cabezas. En los países del pan escaso, triunfa el circo. Pero incluso aceptando la falta de pensamiento crítico de los ciudadanos, que antes se movilizarán por su club que por el cierre de empresas, es injustificable que no se haya puesto límite a tamaña vergüenza. Después vendrán los alemanes con sus palabras gruesas y el tal Uli del Bayern nos recordará que nos han dado "cientos de millones de euros para que salgamos de la mierda", y que España se lo ha tomado a pitorreo. Y serán antipáticos, pero tendrán razón. ¿Qué debe pensar una Europa que nos ha subvencionado y ha visto como construíamos aeropuertos en medio de la nada o la red de AVE más importante del mundo? Y, en este caso, ¿no se preguntará cómo un país en estado crítico puede financiar la mejor liga de fútbol del mundo? Se lo preguntará y lo responderá: actuando como un país despilfarrador y poco serio. ¿Qué se ha creído que es España, haciendo de nuevo rico con ínfulas de millonario, mientras tendía la mano para recibir ayudas europeas? De ahí que lo del fútbol sea, además de una vergüenza, un demoledor síntoma. El síntoma de una sociedad inmadura que está dispuesta a no tener pan, pero que haría la revolución si no le garantizaran su dosis semanal de circo.

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