El follón interminable de la financiación de Catalunya

Desde Catalunya para las Españas y las Américas

agosto 3, 2008 in Catalanofobia, cataluña, centralismo, estado español, expolio, La España Eterna, Medios, Uncategorized | Etiquetas: balanzas fiscales, expolio fiscal,financiación de cataluña

Estos días he leído toda clase de comentarios sobre las balanzas fiscales y la financiación de Catalunya. Realmente, todos los comentaristas se creen muy originales a la hora de exponer sus opiniones. Pero el tema es un “déjà vu” histórico por excelencia.

Si observamos el mapa, curiosamente, lo primero que vemos es que las autonomías que más aportan al estado y que menos reciben son los perdedores de la Guerra de Sucesión por la Corona de España (no olvidemos que fue una guerra europea). Lo que ahora llamamos “ Els Països Catalans”.

Felipe V, que odiaba profundamente a los catalanes y con las arcas de la corona vacías, castigo a los perdedores a pagar los gastos de la guerra, para ello, mando un contingente de unos 30.000 soldados para someter Catalunya y cobrar los tributos. Los impuestos eran tan altos que casi nadie podía pagarlos. En tal caso, mandaban a los soldados a la casa del deudor y se instalaban en ella. El propietario tenía que mantener y cobijar a los soldados y caballos hasta que cancelara la deuda con la corona. Muchos de ellos, llevados por la desesperación y la impotencia de satisfacer la deuda, abandonaban sus casas y se escondían en las montañas. Entonces, las tropas borbónicas quemaban la casa y perseguían al deudor para encarcelarlo o ajusticiarlo.

¿El motivo de aquella gran represión?, lo cuenta José Patiño, presidente de la Reial Junta “Aquel gran orgullo está abatido, y respetan ya los preceptos de V.M y a la justicia, no por afecto y amor, sí por la fuerza superior de las armas, de modo que la quietud y obediencia debe afianzarse en estas”

La ocupación y el expolio duro todo el siglo XVIII

Unos 135 años después, el 1851 el General Prim exponía en el Congreso español el expolio y la opresión sistematizada que sufría Catalunya.

“¿Hasta cuando hemos de morder el freno? ¿Hasta cuando hemos de ser tratados como esclavos? ¿Somos o no somos españoles?, decían todos. Ministros de España: los catalanes ¿son o no son españoles? ¿Son nuestros colonos o son nuestros esclavos? Sepamos lo que son. Dad el lenitivo o la muerte, pero que cese la agonía.

El horizonte amenaza grandes tempestades; es muy posible que antes de mucho se abra una lucha de gigantes; dos banderas flotaran por los aires; cada una tendrá sus partidarios, y para entonces es preciso que los catalanes sepan a cual de las dos habrán de prestar su brazo robusto.

¿Son los catalanes españoles? Pues devolvedles las garantías que les habéis arrebatado, garantías que son suyas, que tienen derecho a usar de ellas, porque las han conquistado con su sangre. Igualadlos a los otros españoles.

Si no los queréis como españoles, levantad de allá vuestros reales, dejadlos, que para nada os necesitan; pero si siendo españoles los queréis esclavos, sea en buena hora, y sea por completo; amarradles a la mesa el cuchillo; encerradlos en un círculo de bronce; y si esto no basta sea Cataluña talada y destruida y sembrada de sal como la ciudad maldita; porque así, y sólo así, doblaréis nuestra cerviz, porque así y sólo así venceréis nuestra altivez; así, y solamente así, domaréis nuestra fiereza”.

Hacia finales de siglo, Catalunya tenía que costearse sus obras, y el Estado (con los impuestos de España, incluidos los de Catalunya) costeaba las del resto del estado.

Una valoración comparativa de la carga impositiva de Barcelona (unas balanzas fiscales de ahora) expuesta por Guillem Graell decía lo siguiente:

“La provincia de Barcelona paga tanto como toda Andalucía, que tiene 87.510 kilómetros; más que Castilla la Vieja, Aragón y Valencia juntas; a poca diferencia lo que toda Castilla la Nueva, incluso Madrid, y próximamente lo que los Reinos de Galicia, León, Extremadura y Murcia sumados”

El diputado Bartomeu Robert aportaba más datos:

“Pues veamos en la tributación. La población catalana representa el 9% de España; la superficie territorial de Cataluña representa el 16% del total de la península; agrícolamente todo el mundo sabe que Cataluña es pobre. (Protestas y rumores). Señores; hay regiones catalanas que generalmente son ricas en producciones agrícolas, pero hay también otras que, como la provincia de Lérida, se encuentran en una situación desventajosa. Pues resulta de todo ello que por contribución territorial pagamos el 14 por ciento, a pesar de representar la novena parte de la población y la dieciseisava parte de la extensión territorial. Así y todo, como digo, Cataluña paga el 14 por ciento (…) Aquí están los datos a disposición de los señores Diputados; datos comprobantes de lo que tributa Cataluña en su totalidady que viene a representar una cuarta parte de los ingresos.”

Cosa extraña. Catalunya pidió un concierto económico para equilibrar su déficit fiscal.

El mismo Graell nos cuenta con sarcasmo, la atmósfera  que se respira a causa de la demanda de un concierto económico por los catalanes.

“Se ha repetido constantemente en la prensa, en conferencias, en libros y hasta en el Parlamento, el perpetuo cargo del egoísmo de los catalanes, y quien mejor nos trata, nos elogia por pasarnos de listos. Y la broma es demasiado pesada.”

El presidente de Foment, en Enero de 1900, recomendaba a sus representantes que tenía que “desvanecer la atmósfera contraria a Cataluña que ha despertado injustamente nuestra campaña en pro del concierto económico, sin dejar por esto de afirmar nuestra tendencia regionalista”

Graells, recuerda de aquellos momentos de hostilidad anticatalana las raíces de aquella incomprensión secular.

“Durante más de 25 años de estancia y viajes por otras regiones, he podido observar una especie de cuerpo de doctrina anticatalana; el egoísmo de los catalanes, y la afirmación de que explotan a España, pasan por tan axiomáticos como el principio de contradicción o la ley de la gravedad. Los principales inventores de este axioma han sido los políticos, y hasta los hombres de letras de Madrid”

La Correspondencia militar pedía en sus páginas acciones contundentes contra los catalanes:

“El gobierno debe poner inmediatamente a la firma de la Reina el decreto suspendiendo las garantías constitucionales, para que el Ejército se encargue de normalizar la situación en Cataluña primero, cobrando si es preciso las contribuciones a culatazos; después suprimiendo la autoridad militar aquellos periódicos que hablan de separatismo o autonomismo, y poniendo a buen recaudo definitivamente a los que propaguen esas ideas, y, por último, impidiendo que el orden se altere, ahogando en sangre la más pequeña protesta, el conato de manifestación más insignificante”

También se pedia el boicot a los productos catalanes:

“Los que así proceden, ¿merecen ser considerados y auxiliados como se les auxilia y considera? Contra esos malos patriotas, vergüenza de España, no cabe tomar más que una medida: establecer aduanas en el Ebro.”

“Los comerciantes todos de España no debieran hacer pedidos a los fabricantes catalanistas y biscaitarras. El patriotismo lo exige”

Y como es lógico se da la vuelta a las explicaciones catalanas para tener un concierto fiscal.

El Imparcial: “Los demás españoles ni podemos ni queremos consentir en que una tenacidad horrible se nos deprima y se nos ofenda por lo que, después de todo, viven de nuestro sudor y de nuestra sangre (…) Hay mucho de convencional en eso de que los catalanistas son una minoría reducidísima. No se atreverían a hacer lo que hacen, si no encontraran ambiente”

La proposición de los catalanistas  acerca del concierto económico fue rechazada por 139 votos contra 4. Pocas veces en las Cortes una votación fue tan desigual.

108 años después, se repiten los hechos. La respuesta (ante el expolio fiscal de Catalunya) es la misma. Los argumentos, los comentarios, la manipulación de la opinión española, los boicots… El discurso no ha cambiado ni una coma.

Las balanzas fiscales solo han utilizado el año 2005 para su estudio, pero, como hemos visto, el expolio no es nada nuevo para nosotros.

Nos sintamos catalanes, catalanes-españoles, españoles. El expolio cae sobre todas nuestras cabezas porque vivimos en Catalunya y eso repercute en nuestra vida diaria y en nuestra sociedad del bienestar. Solo hay un camino. Independizarnos de este estado que nos ahoga.

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