"Merkel no funciona como una bruja,

 

    Espido Freire: "Merkel no funciona como una bruja, hace de vampiro"

    La escritora vasca presenta el ensayo ‘Los malos de cuento’, una guía para detectar personas tóxicas que revisa también los clásicos | Reivindica que hoy las cenicientas son jueces y personas anónimas

    Cultura |  14/05/2013

    Espido Freire:

    La escritora Espido Freire acaba de publicar su ensayo ‘Los malos del cuento’ Emilia Gutiérrez

    Estamos en manos de poderosos que han demostrado tener “actitudes psicopáticas”. Así de contundente se muestra la escritora Espido Freire (Bilbao, 1974) en su último libro Los malos del cuento. Cómo sobrevivir entre personas tóxicas (Ariel), un ensayo en el que analiza el mundo en el que vivimos a la vez que revisa algunos de los cuentos clásicos. Con este último trabajo, la novelista vasca que con 25 años se convirtió en la autora más joven en ganar un premio Planeta con Melocotones helados, asegura que culmina “una carrera centrada en elmal”. Freire, invita a estar atentos a las maldades que nos acechan como sociedad para conseguir alejar de nosotros a las personas “toxicas” y revindica que hoy las cenicientasson jueces o gente anónima.

    – ¿Este libro es una guía para detectar malos?
    Sí. También es una revisión de los cuentos y de algunas obras literarias. Es un libro muy duro que te obliga a mirar alrededor y descubrir que hay más malos de los que pensamos.

    – ¿Estamos todos alineados siempre en el bien o en el mal?
    (Suspira) La mayor parte de la gente a lo largo de su vida hace algo de lo que se avergüenza o se arrepiente. Lo hace por ignorancia, por miedo, por cobardía… Pero la mayoría no centra su vida en malas acciones. Lo que nos diferencia de los malos del cuento es que ellos sí. El malo del cuento en mayor o menos medida es un psicópata o un sociópata, por tanto considera que cualquier hecho es justificable siempre que consiga lo que él desee.

    – ¿La diferencia es que el malo no se arrepiente?
    Sí. No hay empatía y por tanto no aprende de los errores. Y en algunas ocasiones, no en todas, disfruta con la sensación de poder dominar al otro.

    – ¿No empatiza porque no quiere o porque no puede?
    Porque le conviene. Empatizar supone un esfuerzo y muchas veces una renuncia a pactar. Los malos no pactan y si lo hacen es en condiciones abusivas. Han descubierto que la mayor parte de la gente estamos educados en prejuicios, en un control del carácter, en una serie de valores morales… les resulta muy fácil explotarnos.

    – ¿Y dónde están estas personas malas?
    Los tenemos normalmente en puesto directivos, porque una persona que no mira cuáles son las consecuencias de sus actos sino que está enfocado en un objetivo, ha sido el ideal durante mucho tiempo tanto para la política, como para las empresas. Es lógico que lo que describo recuerde a según qué grupo social.

    – Usted dice que estamos en manos de psicópatas.
    Mira alrededor. Trabajas en un periódico. Quien está generando ahora la mayor parte de las noticias es gente poderosa que ha demostrado actitudes psicopáticas: no les ha importado romper promesas, robar, mentir… porque buscaban un objetivo determinado que era el enriquecimiento o el poder. Eso define a un psicópata.

    – Es difícil cambiar el cuento si los que lo escriben son los que usted llama malos…
    Díselo a Cenicienta. Ella parte de una de las situaciones más nefastas: no tiene padres y está dominada por una madrastra y dos hermanastras. Y aún así, se casa con el príncipe. Ahora las cenicientas son jueces, gente anónima, un notario que se niega a pasar por el aro y hace constar que las cláusulas de las hipotecas son abusivas… Son los bancos de alimentos… Hay gente que está dispuesta a que esto cambie.

    – …
    Estamos en una realidad que es mutable. Y la mayor parte de la gente es buena y quiere oportunidades para demostrarlo. La gente quiere unas normas fijas y obedecerlas, pero algunas de las injustas habrá que cambiarlas y las otras hay que aplicarlas sin piedad.

    – ¿Dónde más están los malos?
    En la pareja, en la familia, en el entorno laboral, en la pandilla, en la junta de vecinos…

    – ¿Y cómo los detectamos?
    Es la gran pregunta… Hay dos pasos. Uno de ellos es el autoconocimiento. La víctima tiene la responsabilidad de haberse acercado, de haber atraído a esa persona malvada y de mantenerla en su vida. A veces no puedes elegir porque has nacido en una familia y te ha tocado lo que te ha tocado. Pero sí puedes mantenerlos alejados. Por tanto, en la primera fase hay que analizar las debilidades de cada uno y descubrir si están alimentando a otra gente.

    – ¿Por ejemplo?
    ¿Eres especialmente compasiva o una empática compulsiva? Pues encontrarás quejicas y vampiros. ¿Eres controlador y organizado, especialmente en el trabajo? Encontrarás gente que te viene a pedir ayuda o que se apropia de tu trabajo. Y durante algún tiempo considerarás que está bien ayudarle… Hasta que te das cuenta que eres víctima de un vampiro.

    – ¿El segundo paso cuál es?
    Mirar bien. La mayor parte de las veces vamos como pollo sin cabeza atendiendo únicamente a lo urgente o a nuestras emociones inmediatas. Nos enamoramos o tenemos relaciones familiares casi por inercia. En el momento en que das un paso atrás, tomar distancia, es muy fácil que empieces a detectar relaciones que son insatisfactorias. Y dentro de las más insatisfactorias están las de los malos.

    – Es complicado mantener la cabeza fría con relaciones afectivas…
    Lo saben. Aprenden esa parte de acción y reacción. Claro que hay que tener la cabeza fría, porque con lo que juegan, por ejemplo, los vampiros es con el deslumbramiento. De pronto son mejores que nadie. El malo integrado generalmente adapta su comportamiento con según que gente. Entonces ya saben con quién se pueden meter y con quién no, a quién le pueden pedir ayuda y a quién no. La mayoría se van a una víctima más fácil.

    – ¿Se ha asesorado para decir todo esto?
    Sí. El psicópata integrado es un término admitido en psiquiatría y hay distintos protocolos para detectarlo. El integrado es el más peligroso porque está en nuestro entorno y porque ha aprendido a camuflarse.

    – ¿Ese es el malo más habitual?
    Si tenemos suerte en la vida no daremos con un psicópata violento. Pero la proporción de psicópatas integrados que nos encontramos en nuestra vida es infinitamente mayor.

    – ¿Qué ambientes son más tóxicos y propician encontrar estos personajes?
    Familias en las que el maltrato ha sido una constante, entornos en los que la droga y la violencia está normalizada, esferas de poder en las que se actúa de una forma semiclandestina. Y seguro que tienes en tu cabeza personas que conoces que en si mismas son tóxicas y que crean a su alrededor toda una relación tóxica. A veces solo una persona en un departamento de una empresa ha logrado que se venga abajo. A veces es un cuñado que entra en la familia y la destroza. Pero para evitar a según qué tipo de psicópatas es importante que haya una prevención básica en seguridad.

    – ¿En qué sentido?
    No se puede coquetear con el mal, porque el riesgo de atraer a alguien que te pueda hacer daño es mucho mayor. Me inquieta esa divinización del malote, del macarra, del canalla dirigido siempre a la mujer, especialmente a la joven e incluso a la adolescente. En el libro hablo de Crepúsculo, que igual me vale un linchamiento en un instituto (bromea)… Pero es que si un chico algo mayor que tu se acerca porque eres adolescente y, por lo tanto boba, y te dice “no te convengo” ¡Escápate! ¡Te lo está diciendo! La mayor parte de los malos avisan, dan señales. Hay que estar alerta.

    – Pero estar permanente en estado de alerta…Es mejor vivir tranquilo ¿No?
    Alerta no quiere decir estar obsesionado. Aunque como escritora, y supongo que como periodista también te sucede, es casi una segunda naturaleza averiguar quién tienes delante.

    – ¿Usted se ha encontrado con muchas personas tóxicas?
    Con bastantes, más de las que quisiera.

    – ¿Y supo escapar de ellas?
    No. Este libro es la consecuencia. Mis errores han tenido que ver con mi edad. Me he encontrado desde muy jovencita en entornos de gente mucho mayor que yo que, por lo tanto, me llevaban mucha ventaja. Era una pava. Mis errores también han tenido que ver con mi sistema moral, en el que poder ayudar a alguien es un privilegio, ser amable era imprescindible y en el que si te portabas bien, la gente se portaba bien contigo. Pero la verdad es que no tienes que tratar bien a todo el mundo, tienes que hacerlo con quien te trata bien. Con el resto mantén una respetuosa distancia.

    – ¿Una persona tóxica necesariamente es mala?
    Yo los asocio. La maldad no es levantarse por la mañana frotándose las manos y pensando “¿Cómo voy a hacer la vida imposible a mis compañeros?”. La maldad es el hecho de que disocias tu comportamiento de unas normas morales porque te interesa y sacas provecho e incluso placer. La mayor parte de los tóxicos actúan así. No es constante y por lo general no es con todo el mundo… y eso es lo que más desconcierta porque estamos acostumbrados a blanco o negro, pero la mayor parte de las personas tóxicas tienden hacia el gris oscuro-negro. Y una de las señales es que no solo han tenido problemas contigo.

    – Muchas veces la figura del malo es la del triunfador que se va de rositas…
    Ya lo veremos. Aunque lo hemos empezado a hacer tarde, estamos bajando mucho la tolerancia respecto a según que actitudes tóxicas, especialmente las que tienen que ver con lo económico, con la corrupción y con el trabajo. Hace unos años casos como el de Bárcenas quizás no habrían salido a la luz, pero el escándalo público que se produce, que es fruto además de una crisis y de unas circunstancias muy determinadas, nos da la oportunidad, aunque este señor en concreto se vaya de rositas, de estar nuevamente más pendientes de denunciar y de exigir resultados. Ir de malos o de haber tenido un pasado oscuro o turbulento parece que funciona, pero no debe funcionar. Aquí también debe dispararse esa alerta.

    – ¿Cuál es el mayor mal del que adolece esta sociedad?
    El orgullo mal entendido. El continuar siendo un hidalgo. No solamente es que no lo seamos, es que nunca lo hemos sido. Esa sensación de por nada sacar la espada y atacar al otro cuando lo importante no es eso… Lo importante es que tienes el estómago vacío. El Lazarillo nos enseña mucho: atiende a lo importante, deja de lado todo ese revestimiento que además tiene mucho que ver con estar por encima del otro y empieza a trabajar.

    – ¿Quién es el malo malísimo en este cuento de la actualidad?
    Es terrible lo que estamos viviendo a nivel económico pero el malo auténtico es aquel que mata. Gracias a Dios, este psicópata no integrado es un porcentaje pequeño.

    – ¿Qué tipo son la mayoría de malos?
    Encajarían en sociopatías, más que en psicopatía.

    – ¿Son más lights?
    Bueno… Son psicópatas de guante blanco.

    – ¿Cómo nos protegemos?
    He escrito un libro para eso (risa). Hay mucha gente que me dice que se niega a creer que haya tanta gente mala y que debe ser una cosa de educación. No es educación y no están locos: les compensa, les conviene ser malos, sacan provecho. Cuando se nos meta eso en la cabeza podremos ver que hay personas que abusan de nosotros. Y en una situación de crisis y de tensión como esta se aferran todavía más a sus privilegios y a sus miedos y, por lo tanto, hacen más daño. Y solamente uno que pase por tu vida deja mucha huella. Y la deja para ti y para la gente que te quiere.

    – ¿En este cuento hay alguna bruja?
    Las brujas suelen actuar a un nivel más privado. Una de las personas más denostadas en nuestra sociedad hoy en día es Angela Merkel. Pero ella no está funcionando como una bruja, está funcionando como un vampiro. Además las brujas y los vampiros no tienen género. Los psicópatas violentos son mayoritariamente masculinos, lo prueban todas las estadísticas de criminalidad. No hablo de maltrato, hablo de delincuencia en general. Sin embargo, en el psicópata oculto, en el manipulador, esa estadística se iguala.

    – Somos igual de manipuladores hombres y mujeres.
    Sí. Lo que pasa es que las normas, la educación y nuestro entorno ha hecho que nos comportemos de formas distintas. Pero los manipuladores no siempre se salen con la suya. Y de hecho, una vez que el vampiro o el manipulador es descubierto su futuro social es muy negro. Tiene que cambiar de grupo… O irse a Qatar. En algún momento intentará irse para empezar de nuevo, para volverlo a hacer. Porque el psicópata no aprende de sus errores. Así que los castigos tienen que ser más ejemplarizantes y la intolerancia social mucho mayor.

    – ¿La realidad hoy ha superado a la crueldad que le atribuíamos a los clásicos?
    No. Los cuentos originales estaban pensados para que fueran consejos y consejeros de una realidad mucho más dura de la que vivimos ahora. La mayor parte de los niños no tenían madre porque habían muerto en el parto, también había hambrunas, guerras, canibalismo, peste… Hoy en Occidente nuestra realidad es dura en otro sentido: psicológicamente. Así que es lógico que los cuentos se hayan dulcificado, pero no puede perderse la esencia y convertirse en una historia cursi.

    – De todos los clásicos ¿Con cuál se queda?
    Mi preferido por horrible es La Sirenita. Es atroz. Una adolescente que quiere salir de su entorno y es castigada durísimamente por ello. Me parece el compendio de horrores.

    – ¿Algún príncipe nos va a venir a salvar?
    No. Las princesas se dividen en activas y pasivas. Las pasivas son aquellas que yacen en un lecho y alguien las despierta. Las activas son como Piel de Asno o Cenicienta y van en busca de su destino. Y ahora todos como sociedad tenemos que ser princesas activas.

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